Leernos, es leerte

martes, 25 de diciembre de 2007

FELIZ NAVIDAD



FELIZ NAVIDAD A TODOS


Les desean:
x Noelia x
Ed. Scar
Chebing




domingo, 23 de diciembre de 2007

Resumen Semanal

Prenda:
Texto Misceláneo:
Debido a algunos problemitas técnicos y para agilizar los posteos, le dejo la prenda a Kevin de continuar un relato a partir de estas oraciones:
"Todavía faltaban un par de cuadras para llegar. Se hacía interminable el trayecto; la ansiedad se estaba tornando un martirio y debía saber ya que era lo que estaba ocurriendo..."
Como siempre, visitas y comentarios agradecidos. ¡Felices Fiestas!

jueves, 20 de diciembre de 2007

Señálame; tres dedos estarán señalándote a ti.

En respuesta a la prenda de Ed.Scar este texto de lo que podría decir en breve de los prejuicios.
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Entiendo que prejuzgar se refiere, en términos simples, a juzgar algo/alguien (de una forma negativa por lo general) sin tener buenos fundamentos para tal crítica. Esto suele tildar pues a los prejuiciosos como individuos con malas lenguas y difamadores.
Cotidianamente nos manejamos con nuestros prejuicios, forma parte de nuestra forma de sociabilizar con el resto. Cuando queremos comprar algo, nos dejamos guiar por las luces de un lugar, por la amplitud, etc.; su fachada digamos. Así también ocurre con las personas y las relaciones que hacen: si alguien parece muy sonriente con sus cercanos o afable con quien sea se le cruce, es probable que a su alrededor tiendan a tener más voluntad de acercarse a entablar conversación. Por el contrario, las personas más calladas o con rostros sombríos quizás no tengan la misma atracción.
Otra cosa ocurre cuando hablamos de prejuicios algo más intensos. Cuando juzgamos a personas por su sexualidad, por su color de piel, sus culturas, etc. Hombres que creen ser superiores a las mujeres, caucásicos que meten en la misma bolsa a todos los morenos que se haya cruzado en su vida, etnias enteras condenadas por llevar otro modo de vida convencionalmente tildado de “primitivo”. Cómo solucionar algo tan complicado como pretender que todos llevemos el mismo modo de vida; suponen algunos que otras culturas son aberrantes por manejarse de la forma salvaje (salvaje para algunos) en que lo hacen, por tener muchas esposas, por andar sólo con taparrabos, por creer que una foto te extirpa el alma y podría seguir por muchas oraciones más.
¿Acaso en nuestra cultura no cree la gran mayoría que existe un Dios todopoderoso y por muchos siglos y todavía hoy van a rezarle pidiéndole ayuda, a él o a su hijo o a cualquier santo conocido? La monogamia esta establecida como lo que corresponde, pero…¿cuántos casos de infidelidades, engaños, abandonos conocemos? Así también podría seguir y seguir.
Se juzga con gran alevosía o con escondida malicia a lo desconocido, a lo convencionalmente negado o erróneo. Mirémonos al espejo antes, que uno tiene demasiadas cosas personales para juzgar primero. Nadie tiene la verdad absoluta de cómo debe funcionar una sociedad o de qué forma tienen que comportarse determinados individuos. Los fundamentos que deberíamos utilizar para aquellas bases creo que sería indicado salieran de una mayoría que sea verdaderamente mayoría, por motivos de naturaleza genética, por la misma evolución de nuestros cuerpos y mente, y no que sean impuestas por quienes se crean con el poder y la palabra santa.
Sin explayarme en más párrafos, concretamente quiero compartir mi visión final sobre los prejuicios en general. Creo que son formas de juzgar a nuestro entorno que nos van a acompañar durante nuestras vidas por siempre; así como también creo que no por eso nos tenemos que someter a aquellos juzgamientos y tener la valentía de probar el extremo menos indicado por nuestros prejuicios. Nos podríamos llevar una gran sorpresa.
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Ed, para cuando puedas, me gustaría que te explayes en el tema de fumar.
Saludos!

martes, 18 de diciembre de 2007

Demasiado pequeño para su historia


Demasiado pequeño para su historia
By Chebing

A todos nos gusta escuchar música, a algunos más que a otros, pero no hay quien no disfrute de una buena canción. Los más interesados en esta forma de expresión, aquellos que no hay día que no escuchen la radio, el mp3, o simplemente un par de temas de sus artistas favoritos, además suelen asistir a los recitales de sus bandas preferidas y, dependiendo de la banda y la persona, están dispuestos a hacer un mayor esfuerzo para asistir a ese encuentro musical tan esperado.

Lo ideal para los fanáticos es que sus ídolos toquen lo más seguido posible y a un precio y ubicación accesibles para su bolsillo y oportunidades, sin embargo, tendríamos que dejar de pensar un poco en nosotros y mirar más allá de nuestras narices, y reconocer que hay bandas que merecen tocar pocas veces al año en mega recitales.

Está bien, es más probable que asistamos a un recital por $10 a dos cuadras de nuestra casa que pagar $100 para ir a River 10 horas antes a hacer la fila y después estar apretado con todas las demás personas que asisten para ir a ver el mismo espectáculo. Pero tenemos que reconocer que ir a un recital en River a ver una banda que toca una vez por año y estar con 50 mil personas más, cansado, con los pies doliendo de estar haciendo la fila, sin nada de dinero por lo que costó sacar la entrada y que, de repente, las luces se apaguen, la ansiedad se disparé, los corazones palpiten al mismo ritmo y la garganta se seque de los gritos de euforia, hace que el esfuerzo valga la pena. Es la magia de esos recitales, recitales que solamente los pueden dar las grandes bandas, aquellas que despiertan amor y odio, que inspiran, que son cantadas hasta por el menos conocedor del do re mi fa so la si, que tienen canciones veneradas, que traspasan los limites del tiempo y rayan en la locura de sus fanáticos.

No hay sensación como estar en un recital y pedir que toquen un tema en particular, hacerle promesas a todos los dioses habidos y por haber, desearlo con todo el corazón, y que de pronto, las melodías tan esperadas empiecen a sonar, que todo lo que hicimos para estar ahí parezca nada comparado con la satisfacción de escuchar esos temas en vivo, en persona, compartiendo con miles de espectadores un momento único en la historia de la música, pero por sobre todas las cosas, un momento único en nuestra vida.

Luego viene el final, el reconocimiento a la banda, a los músicos, a las canciones, a los fanáticos, a la pasión, a las ganas, a un pronto reencuentro. Termina el recital, todos salen impactados por lo que acaban de presenciar, no lo pueden creer, fue el mejor recital de sus vidas y no pueden esperar a que la banda regrese, ya quieren más.

Meses después, quizás años, se enteran que su banda vuelve a tocar y ellos saben que deben estar allí, el circulo ha comenzado una vez más.

Sin embargo, hay veces que los músicos, por diferentes razones, no quieren llevar a cabo este ritual sagrado, y terminan tocando en todos los lugares que pueden, haciendo la mayor cantidad de presentaciones posibles, lo cual deriva en ver a monstruos de la música tocando en cajas de zapatos, en ratoneras, en lugares demasiado pequeños para su historia. Cuando una banda llega a un cierto nivel de popularidad, llega a la fama, y tiene 40 años de historia, solo le queda avanzar, nunca retroceder.

“Fue un excelente recital, pero están para más que para esto. Gracias por todo"

lunes, 17 de diciembre de 2007

Resumen Semanal

Casi me olvidé de esto.

Prendas:
- Fracaso: He Fracasado por Chebing
- Relato: La Dolorosa Pasión del Imberbe por Ed.Scar

Relato:
- Donde Pertenece por x Noelia x


Como siempre, visitas y comentarios agradecidos.

jueves, 13 de diciembre de 2007

He Fracasado


He Fracasado
By Chebing



Hay distintos tipos de fracaso, cada uno dependiendo de la situación y de uno mismo, cada uno causando reacciones diferentes. A nadie le gusta fracasar, sin embargo hay quienes se lo toman mejor y quienes no saben lidiar con eso.

Empecemos hablando de los distintos factores que pueden llevar al fracaso; puede ser mala suerte, falta de habilidad, poca concentración, poca preparación, poco interés, etc. Pero, parecería que los únicos fracasos que cuentan como tales son aquellos donde tenemos una oportunidad clara de triunfar y que por poco o por una mala decisión nuestra, hemos fracasado. Esos son los fracasos que recordamos como tales y no simplemente como situaciones donde no triunfamos, ya que hay una gran diferencia implícita en “no ganar” y en “fracasar”.

La interpretación entre líneas, no textual de “no ganar”, significa que hemos perdido contra un rival superior, con condiciones adversas, en una materia que no es la nuestra o simplemente en un terreno donde nuestras oportunidades de salir victoriosos eran mínimas, en cambio, el significado “oculto” de “fracasar” hace hincapié en nuestra falla, en nuestro error. Decir que hemos fracaso connota la oportunidad tangible de ganar que debido a nuestra culpa, ha sido desperdiciada.

Es por eso que cuando uno fracasa por merito propio (irónicamente hablando), la reacción es peor que cuando uno tiene que afrontar una simple derrota. Dependiendo de la persona, estos efectos pueden llevar a la autosuperación, preparándose mejor para una posible revancha, o pueden acabar en el otro extremo, en la depresión y hasta incriminación de lo sucedido.

A nadie le gusta fracasar, y menos cuando la culpa es de uno. Todos tenemos diferentes maneras de afrontarlo, pero siempre hay que intentar tomar el fracaso como una oportunidad, una oportunidad para mejorar y volver a intentarlo en el futuro, el fracaso no es más que una nueva puerta que se abre, la puerta de la revancha, revancha contra los adversarios y contra uno mismo, contra sus dificultades, contra sus puntos débiles, contra su cabeza, contra sus demonios personales, contra sus fracasos.

No es más que una nueva oportunidad, la oportunidad de triunfar en el futuro, triunfo que es mucho más reconfortante sabiendo que nos superamos a nosotros mismos.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Donde Pertenece




- ¿No recuerdas? Íbamos a casarnos.
- ¿Cómo?
Tomó un respiro que estremeció al hombre.
- Esa vez…. me pediste que prometiera que nos buscaríamos y nos casaríamos. Pues, aquí me ves, he cumplido.
- Pero….estás…
- Aquí. Aquí, claro un poco más vieja. – hablaba tan felizmente, esbozando una sonrisa que, a pesar de la noche, iluminaba todo el lugar - Pero sigo igual de joven en mi corazón, y mi amor por ti como siempre se ha mantenido fuerte y apasionado.
- Pero….no puede ser…. Basta por favor.
La muchacha retrocedió, la sonrisa se borró. Levantó su avejentado velo y lo acomodó sobre su cabeza, dejando ver su rostro. Su piel cetrina delineaba las curvas de lo que una vez habría sido una cara deslumbrante, pero que ahora sólo dejaba rastros de humedad, años y descuido. Ella no ignoraba eso; era notable que había hecho tremendos esfuerzos por mantener su juventud viva y con un poco de cariño se podía visualizar entre aquellos huecos huesudos una mujer que todavía quería respirar.


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- ¿Quién es ella?
- Es….mi mujer.
Cada vez que nos confiesan algo que no queremos pero necesitamos saber, un nudo se nos arma en el estómago. Sensaciones de estremecimiento, piel de gallina y finalmente un hueco inmenso que no sabemos jamás cómo volverá a invadirse de sentimientos. Pero cuando sólo quedan vacíos viviendo en tu alma, saber que nada más que eso habita en tu interior…ah, sí. Eso sintió ella. Piel y huesos, piel y huecos. Un hombre que había seguido adelante y una mujer que no había sabido soltar.


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Llorar y no poder despedir una lágrima, gritar y no sentir aire en la garganta. Un dolor profundo en el pecho que no parecía querer escapar. Ella no podía hacer nada al respecto. No, ella no.


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- Toma mi mano.
- Por favor, déjame explicarte.
- No necesito explicaciones, necesito irme de aquí.
Sin poder abstenerse, extendió sus dedos hacía ella, quien los tomó en su conjunto y dirigió a su pecho. Su amarillento vestido, todavía dejaba ver los hermosos detalles que decoraban el corsé. Sobre el escote, un ramillete de nomeolvides permanecía intacto. Contrario a lo que esperaba, no sentía ningún frío en su mano; hasta sentía seguridad en ese tacto.
Suavemente cerró sus ojos y se desvaneció.


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Cerrado entre sus manos permanecían rastros de cenizas. A su lado, reposaba un ramillete de nomeolvides junto a una nota: Me has robado el corazón. Consérvalo, es más tuyo que mío.
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Noelia Bertocchi